martes, 5 de mayo de 2026

Póster del experimento para los niños: Fluido no newtoniano

Cartel del experimento a los niños

Resumen de la charla acerca de las kombuchas con Marina

CHARLA ACERCA DE LA KOMBUCHA

Marina, inicia su relato compartiendo su trayectoria como titulada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos (graduada en 2025), mencionando que hace apenas unos años ocupaba el mismo lugar que los estudiantes a los que se dirige. El núcleo de su exposición se divide en dos fases de su labor investigadora: los hallazgos de su TFG sobre la kombucha y su actual desafío en el TFM con la cerveza de jengibre. Define la primera como una infusión endulzada que se transforma gracias a la acción de una comunidad cooperativa de microorganismos denominada SCOBY. Relata que, aunque esta bebida tiene sus raíces en la antigua Manchuria, su consolidación en el mercado español es un fenómeno reciente que ha visto disparar su producción hasta los 2,8 millones de litros en años recientes, con la firma Komvida dominando la mayor parte del sector.

Sobre la técnica de preparación, detalla que se parte de una infusión de té (verde, negro o rojo) en agua purificada que se somete a ebullición. Tras filtrar las hojas, se incorpora sacarosa en una proporción de entre el 5% y el 20%, que actúa como el combustible necesario para que los microbios inicien la fermentación. Una vez que el líquido se ha enfriado, se introduce el cultivo iniciador, ya sea mediante el disco sólido del SCOBY o un inóculo líquido. Marina subraya que el recipiente debe protegerse con un tejido que permita el paso del oxígeno, ya que el proceso es de naturaleza aerobia, y debe permanecer en penumbra para evitar procesos de oxidación.


En el plano biológico, describe al SCOBY como una estructura gelatinosa o "ciudad flotante" compuesta de celulosa que fabrica la bacteria Komagataeibacter. En este entorno conviven en armonía levaduras (principalmente Zygosaccharomyces), bacterias lácticas y acéticas. El proceso metabólico consiste en degradar el azúcar en glucosa y fructosa; mientras las levaduras generan etanol y gases, las bacterias acéticas aprovechan ese alcohol para producir ácido acético. Este último componente es el que otorga el perfil sensorial ácido, el cual debe mantenerse por debajo de los 8 g/L para asegurar que el producto sea del agrado de los consumidores.


Desde la perspectiva nutricional, la investigadora señala que estas bebidas son una opción más sana que los refrescos industriales por su reducido aporte de azúcares y su bajo grado alcohólico (generalmente entre 0,7% y 1,3%). Resalta el valor de los polifenoles por su capacidad antioxidante y la presencia de aminoácidos esenciales como la leucina y la lisina, que el organismo humano no puede sintetizar por sí solo. Para su estudio comparativo, analizó seis variedades comerciales adquiridas en Ciudad Real, todas con sabor a jengibre y limón para uniformizar la muestra. Debido a la baja densidad microbiana en el líquido, tuvo que emplear un método de filtración con poros de 0,45 micrómetros para concentrar los microorganismos antes del cultivo, determinando que la marca Flax Kombucha era la que presentaba una mayor riqueza nutricional y biológica.


Finalmente, aborda su investigación actual sobre la cerveza de jengibre, donde busca contrastar la eficacia del SCOBY frente al Ginger Bug, un fermento natural que se obtiene de la piel del propio jengibre. No obstante, confiesa que el trabajo en el laboratorio está siendo complejo, ya que se está encontrando con dificultades para que las levaduras y bacterias lácticas prosperen, posiblemente debido a sustancias inhibidoras presentes en el jengibre o a una competencia excesiva de las bacterias acéticas. Su conclusión es una llamada a la paciencia, advirtiendo que, en la ciencia, los microorganismos a menudo actúan de forma impredecible, lo que obliga a los investigadores a ser flexibles y constantes en sus protocolos.